CLAUS

En 2006 me mudé a vivir a Argentina y estuve trabajando de Geóloga en una empresa minera que se llamaba ROJAS Y ASOCIADOS. Por aquel entonces, por allí, las geólogas estábamos contadas con los dedos de una mano, sobre todo trabajando en ese tipo de puestos. Y aquella era una sociedad, si cabe, mucho más machista que esta. Yo firmé el contrato con un Sr que era NADA MENOS que el ADMINISTRADOR DE LA EMPRESA y el que tramitó todos mis papeles del visado (cambio de visado de turista a visado de residente, cosa que fue bastante difícil burocráticamente) y demás papeleo. Pues ESTE Sr, que tenía TODO ESTE PODER SOBRE MÍ, recién mudada a otro país, aterrizando en una ciudad nueva, empezando mi primer trabajo de Geóloga Junior y sin ninguna experiencia laboral en el gremio... Este ENERGÚMENO SEÑOR, empezó a tomarse demasiadas confianzas conmigo y a ser muy amable, a tratar de hablar conmigo en la oficina, cuando su puesto era de Administración y no tenía nada que ver con mis labores en la empresa. Su mujer trabajaba codo con codo con él en el mismo despacho y esto empezó a ser bastante incómodo, porque trataba de hablar conmigo cuando ella no estaba y yo notaba que trataba de estar a solas conmigo con cualquier excusa. Pues al poco tiempo, empezó a mandarme MAILS, A MI EMAIL PERSONAL, (al que tenía acceso para en un principio tramitarme todos los papeles), unos mails que estaban muy fuera de lugar. Pidiéndome quedar y cosas así, diciéndome que yo le gustaba, etc... Recuerdo lo incómodo que era verle cada día en su oficina y que él hiciera como si no pasara nada y como si no hubiera escrito ningún mail. Recuerdo ver cada día a su mujer, que era un amor de persona y no saber qué hacer, ni qué decir. Yo al principio contestaba a los mails con esmero, de forma muy educada y tratando de dejar las cosas muy claras. Le decía que se ubicara, que esa no era manera de tratarme, pero de forma muy suave. Pero me daba miedo quejarme en serio, porque estaba pagando una nueva casa en una nueva ciudad y no podía permitirme perder el curro. ELLOS SIEMPRE HACEN ESTO PORQUE TIENEN UNA RELACIÓN DE PODER, SINO NO SE ATREVEN NI A CHISTARLE A PERSONAS TAN EMPODERADAS COMO YO. Me mandó varios mails y yo vi que, le escribiera lo que le escribiera, él no iba a parar. Así que decidí hacer IGNORE y no contestarle. NO HABLARLE, IGNORARLO POR COMPLETO EN LA OFICINA. Si él venía, yo me iba... Yo también tenía un puesto de PODER, porque las geólogas éramos de las empleadas más apreciadas en la empresa. Funcionó, no pasó nada más y no me volvió a escribir. Pero nadie me quita DE ENCIMA la VIOLENCIA SUFRIDA, de incluso llegar a pensar si en algún momento esa familiaridad de llevarnos bien (porque era una oficina muy pequeña y familiar, en la que se fomentaba ese trato) había hecho que le diera pie a hacer esas cosas... Encima, el patriarcado nos hace pensar que las culpables somos nosotras. Esa es la violencia que se nos ejerce desde el patriarcado. Llegar a pensar: iría muy provocativa, le hice pensar que me gusta.... Pues no, ¡evidentemente no! La otra violencia era tener que callarme ante su mujer y no haber sabido contarle lo que estaba pasando. Porque no quería hacerle daño, porque no sabía cómo, porque le quitaba importancia pensando que sólo eran unos mails… Pero eran algo más que unos mails, viniendo de quien venían y dirigidos a mi. Yo, ante estas situaciones tengo bloqueos, me cuesta reaccionar en el momento. Supongo que por un trauma que sufrí de pequeña y que estoy trabajando, y que no me importa verbalizar aquí. Sufrí una violación cuando tenía 9 años. Y tengo muy claro que esa vivencia distorsiona el sentimiento de culpa que tengo, influye en mi forma de reaccionar y en mi manera de ver este tipo de abusos sexuales en el trabajo.

En 2006 me mudé a vivir a Argentina y estuve trabajando de Geóloga en una empresa minera que se llamaba ROJAS Y ASOCIADOS.

Por aquel entonces, por allí, las geólogas estábamos contadas con los dedos de una mano, sobre todo trabajando en ese tipo de puestos. Y aquella era una sociedad, si cabe, mucho más machista que esta.

Yo firmé el contrato con un Sr que era NADA MENOS que el ADMINISTRADOR DE LA EMPRESA y el que tramitó todos mis papeles del visado (cambio de visado de turista a visado de residente, cosa que fue bastante difícil burocráticamente) y demás papeleo.

Pues ESTE Sr, que tenía TODO ESTE PODER SOBRE MÍ, recién mudada a otro país, aterrizando en una ciudad nueva, empezando mi primer trabajo de Geóloga Junior y sin ninguna experiencia laboral en el gremio…

Este ENERGÚMENO SEÑOR, empezó a tomarse demasiadas confianzas conmigo y a ser muy amable, a tratar de hablar conmigo en la oficina, cuando su puesto era de Administración y no tenía nada que ver con mis labores en la empresa.

Su mujer trabajaba codo con codo con él en el mismo despacho y esto empezó a ser bastante incómodo, porque trataba de hablar conmigo cuando ella no estaba y yo notaba que trataba de estar a solas conmigo con cualquier excusa.

Pues al poco tiempo, empezó a mandarme MAILS, A MI EMAIL PERSONAL, (al que tenía acceso para en un principio tramitarme todos los papeles), unos mails que estaban muy fuera de lugar. Pidiéndome quedar y cosas así, diciéndome que yo le gustaba, etc…

Recuerdo lo incómodo que era verle cada día en su oficina y que él hiciera como si no pasara nada y como si no hubiera escrito ningún mail.

Recuerdo ver cada día a su mujer, que era un amor de persona y no saber qué hacer, ni qué decir.

Yo al principio contestaba a los mails con esmero, de forma muy educada y tratando de dejar las cosas muy claras. Le decía que se ubicara, que esa no era manera de tratarme, pero de forma muy suave.

Pero me daba miedo quejarme en serio, porque estaba pagando una nueva casa en una nueva ciudad y no podía permitirme perder el curro.

ELLOS SIEMPRE HACEN ESTO PORQUE TIENEN UNA RELACIÓN DE PODER, SINO NO SE ATREVEN NI A CHISTARLE A PERSONAS TAN EMPODERADAS COMO YO.

Me mandó varios mails y yo vi que, le escribiera lo que le escribiera, él no iba a parar. Así que decidí hacer IGNORE y no contestarle. NO HABLARLE, IGNORARLO POR COMPLETO EN LA OFICINA. Si él venía, yo me iba… Yo también tenía un puesto de PODER, porque las geólogas éramos de las empleadas más apreciadas en la empresa.

Funcionó, no pasó nada más y no me volvió a escribir.

 

Pero nadie me quita DE ENCIMA la VIOLENCIA SUFRIDA, de incluso llegar a pensar si en algún momento esa familiaridad de llevarnos bien (porque era una oficina muy pequeña y familiar, en la que se fomentaba ese trato) había hecho que le diera pie a hacer esas cosas…

Encima, el patriarcado nos hace pensar que las culpables somos nosotras. Esa es la violencia que se nos ejerce desde el patriarcado. Llegar a pensar: iría muy provocativa, le hice pensar que me gusta….

Pues no, ¡evidentemente no!

La otra violencia era tener que callarme ante su mujer y no haber sabido contarle lo que estaba pasando. Porque no quería hacerle daño, porque no sabía cómo, porque le quitaba importancia pensando que sólo eran unos mails… Pero eran algo más que unos mails, viniendo de quien venían y dirigidos a mi.

Yo, ante estas situaciones tengo bloqueos, me cuesta reaccionar en el momento. Supongo que por un trauma que sufrí de pequeña y que estoy trabajando, y que no me importa verbalizar aquí. Sufrí una violación cuando tenía 9 años. Y tengo muy claro que esa vivencia distorsiona el sentimiento de culpa que tengo, influye en mi forma de reaccionar y en mi manera de ver este tipo de abusos sexuales en el trabajo.

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